Lo nuevo
Donde revelamos qué tienen que ver Osamu Tezuka, Chris Ware y Jesse Lonergan
El otro día tuitié más o menos livianamente que Jesse Lonergan es de los poquísimos que está haciendo algo nuevo en historieta. Probablemente sea una estupidez lo que dije, pero me quedé pensando.
Me suele pasar que cada tanto me cruzo con páginas de Little Nemo in Slumberland y pareciera que Winsor McKay hizo entre 1905 y 1927 todo lo que se podía hacer con una página de historietas. Lo cual es redondamente falso, pero desde hace unos cuantos años (me) pesa mucho aquella pregunta desde la que parte Mark Fisher para desarrollar su Realismo Capitalista: cuánto puede sostenerse una cultura sin el aporte de lo nuevo. Fisher da por sentado que la lógica de la producción cultural del capitalismo tardío agota la posibilidad de emergencia de lo nuevo (no así de novedades, que nacen y mueren todo el tiempo) y cruza esa lógica de producción acelerada y estandarizada con una crisis de imaginación sistémica que nos impide, como ya todos leímos hasta el hartazgo, tener ideas sobre el fin del capitalismo mas no sobre el fin del mundo.
Bueno, lo nuevo en las historietas yo no lo sé bien. A veces pienso que lo estoy viendo todo el tiempo. A veces parece que no hay nada nuevo hace añares. Convengamos que desde su nacimiento como objeto moderno en el siglo XIX, su posterior traspaso a la prensa, su consumo hiper mega masivo a mediados del siglo XX y su lenta declinación en este siglo, cosas nuevas seguramente hubiera a montones, y ese languidecer de estos últimos años podría servirnos de palanca para pensar que tenemos razón, que no hay nada nuevo y por eso cada vez menos gente lee historietas (¿cada vez menos gente lee? ¿cuánta gente lee? bueno, no me hagan caso).
Diría que en ese arrebato que fue la irrupción del manga en occidente a finales de los ‘80 hubo algo percibido como nuevo. El puntapié que había dado Tezuka fue dotar a sus páginas del dinamismo del montaje y de la visual del cine animado (fundamentalmente el de Disney de los ‘40: muchas veces tenemos a lo nuevo en la cara y no sabemos verlo).
Diría que en esas páginas abigarradas, analíticas al palo, llenas de información y con muchísimo texto introspectivo que hizo Chris Ware en su Jimmy Corrigan pero sobre todo en Building Stories hubo algo percibido como nuevo. Mi hipótesis es que, más allá de que Ware siempre declara mirar muchísima historieta de los ‘30 y los ‘40, algo del diseño para informática, de ese tipo de interacción entre imagen y texto pero también de nuestra percepción del tiempo asociada a ella, que nos proponían las PCs está dando vueltas por ahí, pero es una hipótesis que seguramente está errada. (Lo nombro a Ware porque, aunque su forma de componer historietas es compleja, trabajosa y sobre todo muy demandante de tiempo, se puede ver que hizo escuela e influyó a unos cuantos historietistas de distintos lugares del mundo o de occidente al menos).
Y, para volver al principio, creo que Jesse Lonergan está haciendo algo nuevo. Leí dos o tres historietas de Lonergan nomás (la última, Drome, es una bomba, pero tuve la suerte de pescar bastante rápido cuando le publicaron su Hedra y la incluí en cierto Drive de Novelas Gráficas que hice durante la pandemia) pero diría inicialmente que hace historietas de acción con unos plantados de página que resaltan muchísimo a la vista por la cantidad de viñetas que usa pero también por la forma en las que se articulan. (Esta entrada de substack se está escribiendo hace semanas y en ese tiempo recordé las páginas de Ibn al Rabin, que se parecen, a veces, a las que hace Lonergan: nunca nada es enteramente nuevo).
Habría que ver bien cómo analizamos una página de Lonergan. Por un lado, se genera una plasticidad enorme en cuanto a la dirección de la lectura (o sea rompe bastante seguido el vector horizontal de la mirada sobre una tira de viñetas) y, por otro, produce una sensación de ritmo frenético porque fragmenta imágenes orgánicas en muchísimas viñetas (vean lo que hace con la portada de Drome para darle cuerpo a lo que digo).
Hedra no tiene nada de texto, Drome tiene apenitas dos o tres diálogos. No se cómo funcionaría una forma de historieta de este estilo si incluyera una capa de texto intercalada entre los dibujos; un narrador o una voz más reflexiva rompería la dinámica de la página y la percepción de flujo acelerado de tiempo. Y volviendo a esto, tengo una hipótesis que se me ocurrió hace poco: la página de Lonergan produce cierta hiperestimulación que me recuerda a scrollear el celular, a pasar de estímulo en estímulo en ig o tiktok. Sí, entiendo que ya existen algunas formulaciones de historieta digital (como las que se hacen en webtoon) que aprovechan el scrolleo como dispositivo de lectura, creo que no estoy refiriéndome a eso sino al modo en que una forma de ejecutar el arte de la historieta se vincula (¿en su contenido? ¿hay un contenido de la forma?) con un medio predominante de la época, pero no voy a desarrollar más.
Lo voy a dejar acá y eventualmente volveré.
Gracias por llegar hasta acá. Espero que hayan empezado muy bien el año. El mundo es un lugar cada vez más inhóspito y no ayuda. Es más o menos difícil habitarlo, entenderlo y creer que podemos transformarlo, pero mi deseo para este año es que podamos empezar a encontrarle la vuelta a alguna de esas tres cosas.
El final de 2025 estuvo muy al palo así que no tuve cabeza para escribir nada. De todos modos les dejo acá las charlas que tuvimos con Pedro Mancini y con Tute & Pilar en el cumpleaños número 13 de Crumb por si tienen ganas de escucharlas en diferido.
Lo nuevo, digamos, está ocurriendo todo el tiempo, y mucho más en estos últimos años. De los eventos recientes en el continente (disculpen si no los nombro con suficiente precisión: un poco es por paranoia) pienso que hace un tiempo largo estoy agotado de vivir cosas históricas. Acá y acá, de lo poco que escuché que me aportó algo sin hacerme entrar en pánico, y si tienen un rato también pueden leer este artículo de Astarita que es bastante justo con los hechos.
Nos leemos la próxima. Cuídense mucho.
Bruno



https://drive.google.com/drive/folders/1ULVKID3Z1SRuBLryYtGcU-HlrqJ7_fzi
No entendía por qué dos o 3 difusores de historietas hablaban tanto de Drome y ahora entiendo.
Hay algo de la paleta de colores y la elección de los planos (más allá de la cuadrícula) que te hacen sentir ese frenzy? de tiktok, como decís. Como una vorágine. Es como si estuviese parado en el centro de algo y a tu alrededor pasa absolutamente todo. Sentís que te perdes de cosas pero como queres ver todo, tratas de absorber todo rápido y lo absorbes a medias porque sabes que no es suficiente entonces queres más.
Ya me lo vendiste, ahora lo tengo que leer.